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Un potente analgésico de acción retardada.

ANALÍA PINTO

Tengo para mí que el feminismo de tercera y cuarta ola junto con la cien mil veces maldita corrección política son la peor miseria que ha podido abatirse sobre la humanidad.

Analía Pinto
Analía Pinto
 

Con una extensa carrera dedicada a la literatura, Analía Pinto se revela como una poeta disidente del statu quo progresista: amante de los hombres, los fierros, el thrash metal y la buena cerveza; “nena” vitalicia de Sandro, Pinto no oculta sus pasiones y escribe sin azúcares agregados; mas detrás de octógonos negros, trafica letal y delicioso veneno. También se le anima a lo erótico, y gana.


Algo así escribí hace años sobre su Pequeño Manual de Anatomía Masculina:


Mi reconciliación con la poesía


Pequeño Manual de Anatomía Masculina es para mujeres que quieran exorcizar eso que les arde bien adentro, para hombres que asumen desconocer algo de su propia anatomía; de su propia anatomía intervenida por una amante avezada. La poética de Analía Pinto es limpia y romántica, pero también salvaje y perturbadora. Este diminuto pero infinito rectángulo violeta no contiene embrollos, eufemismos ni caramelizaciones: las cosas se dicen como Dios manda; el lector no tiene que convertirse en un detective, y el deleite llega naturalmente.


 

¿Qué te lleva a escribir, qué fuerza motriz te sienta frente a la máquina?


Podría citar cosas como la orfandad, la injusticia, el dolor, la rabia, el desasosiego... ¡el país!; pero si he de decir la verdad, respondería “no sé” y pasaría a la siguiente pregunta. No obstante, en ese “no sé” se esconde la respuesta: como no sé, me pongo a escribir. Como no tengo ni idea de casi nada es que me pongo a teclear en la máquina o a garrapatear en un cuaderno. Como no sé bien lo que pienso, me pongo a escribir a ver si algo se aclara. Todo se oscurece más, pero creo que es una oscuridad diferente a la de esas sombras chinescas que últimamente nos quieren hacer tragar como arte.

No sé bien cuál es la fuerza motriz, entonces, pero sí sé que en mi interior hay una roca ígnea que siempre está lanzando señales, y a su lado hay una vestal que toma nota y traduce esas señales en poemas, en textos, en esta entrevista. Como dijo Arlt, “cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras”. Así es.


Hay una novela inédita, tengo entendido que al igual que el Pequeño Manual transita tórridos andariveles. ¿Ya tiene fecha de publicación?


Es cierto, transita tórridos andariveles. Por el momento no puedo hablar de publicación, pero sí puedo decir que es una novela autobiográfica que he trabajado muchísimo. Y cuando digo muchísimo no exagero: la versión que envié recientemente a concurso es la número diecinueve y es la que me convence hasta ahora. Pero puede haber una versión veinte, incluso podría continuar el conteo; los que escriben saben de qué hablo. Por eso me encantaría que se publique. Es necesario que se publique.


¿El Pequeño Manual tuvo un destinatario concreto, o toda esa sensualidad fue lanzada al universo como un homenaje al género masculino?


El Pequeño manual… tuvo, tiene y tendrá un único destinatario, cuyas iniciales discretamente coloqué en la dedicatoria. Todos esos poemas nacieron bajo el turbio hechizo de un único hombre que para mí representaba el epítome de la sensualidad. Luego, puede leerse el poemario haciendo caso omiso de eso, como un homenaje al género masculino.

Yo quería ensalzar el cuerpo del hombre, cosa poco vista en la poesía, salvo por las maravillas de Ana Rossetti y alguna otra poeta atrevida, quizás Delmira Agustini; en general lo que se ensalza, y con razón, desde que el mundo es mundo, es el abigarrado cuerpo femenino. No obstante, para mí el varón merecía también esa ofrenda.

Hay un hombre de trepidante carne y cimbreantes huesos que me inspiró esos poemas, pero no lo vamos a alabar tanto, porque también me ha hecho algunas trastadas (las cuento en la novela). Aunque yo tampoco he sido una santa.


Perdón la infidencia, pero ¿de dónde proviene esa precisión, ese detalle, esa expertise en materia de anatomía masculina? Es la vida o es imaginación frondosa.


Un poco de esto y un poco de aquello… digamos que como todo en literatura, parte de una base real a la que la imaginación magnifica, difunde, ensancha, opaca o alucina, según se requiera o lo requiera lo que uno quiere contar o poemar. Siempre necesito algún pie en la realidad y luego doy el salto a la imaginación, no creo que las dos cosas solas, por separado, vayan a funcionar, literariamente hablando. Deben amalgamarse sin que se noten las costuras. En eso consiste el oficio, el torvo arte, al decir de Dylan Thomas.


Analía Pinto
Pequeño Manual de Anatomía Masculina - (2016) Peces de ciudad

¿Y qué clase de romanticismo maldito te impulsa a crear algo tan etéreo en un contexto en que prima el lenguaje, la estética, la agitación y la lógica de Tinelli, TikTok y GH? Para qué, para quién. Qué sentido tiene. ¿Quedan no-chanchos para recoger esas margaritas que tirás impasible? Arroje aquí su esperanza para la humanidad.


Yo creo que algún no-chancho todavía queda. Personas con un resto de sensibilidad no embotada. Bien, para esas personas se podría decir que yo escribo. No necesariamente pensando en ellas, pero sí pensando que a alguien le llegará algo de mi Pequeño manual o del texto que fuera. Es cierto que los no-chanchos somos cada vez menos, pero también es cierto que tendemos a rejuntarnos, porque el humano busca siempre a sus pares. A veces uno quiere retirarse a lo alto de una montaña y no regresar jamás, pero es sólo un momento, porque sabemos que siempre necesitaremos volver al clan, a la familia, a la comunidad, por mucho que hagan para destruir esos refugios quienes ya sabemos.


Analía Pinto
SU RISA - Pequeño Manual de Anatomía Masculina

Como correctora literaria pasás horas, días, meses trabajando con palabras y más palabras. ¿Cómo no atrofiar el genio y las ganas de la propia escritura? ¿Hay un método, una rutina, un sistema de premios y castigos?


Fue una de las tantas razones por las cuales dejé Letras. La literatura siempre estaba en otra parte, la ajena y la mía. Especialmente la mía. Con la corrección no me ocurre tanto, si bien, desde luego, hay momentos en que quiero mandar todo al diablo y ocuparme exclusivamente de Mi Obra. Pero procuro manejarlo del mejor modo posible, o sea, mal. Siempre dejo de lado lo mío para cumplir con lo que me comprometí porque, bueno… tengo problemitas de esa especie. No obstante, el año pasado me puse firme y reescribí completamente la novela contra viento y marea, y rechacé numerosos trabajos de corrección. Pero no tengo método ni rutina. Escribo como puedo cuando puedo si puedo.


Y en tu rol de coordinadora de taller literario, ¿considerás que hay alumnos sin remedio, o todos con tiempo y paciencia son potenciales Jorgeluises?


Jorgeluises no, de ningún modo, ninguno, nunca. Hubo, hay y habrá uno solo. Pero sí creo que pueden, con tiempo y paciencia, y sobre todo mucha práctica, salir escritores decentes, incluso buenos. Algunos no tienen remedio, es cierto, pero creo que son los menos y en general es por necios, no porque les falte talento.

Siempre me he considerado una especie de “partera de textos”: te ayudo a traer al mundo eso que bulle en tu cabecita loca y, si tenemos suerte y sale más o menos vivo de ese caldero infernal, te ayudo después a que camine y se convierta en algo que podamos llamar “un texto literario” sin que nadie se ofenda, especialmente la literatura.

Hay mucha gente que va a los talleres para distenderse, conocer gente, ocupar su tiempo, y me parece perfecto, pero con ellos no puede hacerse mucho más que brindarles consignas divertidas; en cambio, con quienes perciben que eso que bulle en sus cabecitas puede ser incluso más importante que sus mamás, sus trabajos o sus parejas, sí puede trabajarse a fondo y asistirlos en ese parto textual del que hablaba.


En redes sociales se te ha visto enaltecer la grandeza de tres hombres, a saber, tu padre, el escritor Marcelo di Marco, y el mismísimo Sandro; ¿cómo y por qué cada unos de ellos se llevó un pedazo de tu corazón?


Hablaré pues de mi santísima trinidad viril.

Debo empezar con mi padre. Hace más de trece años que no lo tengo; y usted dirá, bueno, todos los que hemos perdido a alguien tan querido, tan cercano, lo extrañamos, es natural… y yo diré, sea, pero déjeme explicar por qué me duele tanto su ausencia, por qué fue la lección más grande que aprendí en esta comedia surrealista que llamamos vida y por qué no tolero no tenerlo conmigo a pesar del tiempo transcurrido. Sucede que él me crio. Como pudo. Como le salió. Como le pudo haber salido a un hombre que queda viudo a sus treinta y pico de años. Crecí en un taller mecánico en los años ochenta, mientras andaba en bicicleta, jugaba con las Barbies y me subía por la ventanilla de la Torino como si fuera el General Lee. Crecí en una gomería llena de pósters de señoritas ligeras de ropa. Y entre todo eso yo amaba a Sarah Kay, al heavy-metal y a Sandro, leía poesía enfebrecida y moría de amor como madame Bovary. Y mi padre santo siempre estaba ahí para mí. Yo era, en sus propias palabras, la luz de sus ojos.



Sigo con el escritor Marcelo di Marco, única persona en el mundo de quien puedo decir sin ofender la memoria de mi padre, que es también como un padre para mí. Y lo digo en el sentido de aquel que marca el camino, que avisa de las trampas que nos esperan ahí afuera y nos proporciona elementos para sortearlas, además de mandarnos siempre a la batalla con un gesto cariñoso y alguna yapa. No se trata tanto de lo que pudo o puede enseñarme en términos literarios sino de sus enseñanzas de vida y de su guía espiritual. Por eso en la actualidad formo parte del equipo docente del Taller de Corte y Corrección, porque hemos compartido siempre, me atrevería a decir, una ética y una estética, y eso me parece remarcable, además de impagable.


Analía Pinto con el escritor Marcelo di Marco

Concluyo con mi ídolo máximo, Sandro (junto con Frank Zappa), a quien admiro por todas las razones imaginables, pero principalmente por haber sido un Señor. Sandro fue un cantante excepcional, un poeta maravilloso, un hombre sensual, y también fue un caballero, un hombre recto, leal, generoso, cultísimo, completamente alejado de farandulismos y frivolidades en las que, dada su carrera, podría haber caído. No permitió que el personaje se comiera a la persona y resguardó siempre su intimidad, como todo caballero que se precie. Y, por si todo eso no fuera suficiente, no dejó de celebrar, una y otra vez, a la mujer y al amor. ¿Qué más se puede pedir?


Sandro

Pero así devota de santísimas trinidades sin paridad de género... moviéndote en este mundillo, ¿cómo llegaste sana y salva a 2024 de las huestes del Radfem, que exigen una mujer misándrica, que sólo lee y escribe de mujeres, que sólo se acuesta con mujeres y que no concibe ser amiga de hombres?


He tenido la precaución de leer El varón domado de Esther Vilar mucho antes de que surgiera toda esta pestilencia feminoide, además de haber sido amorosamente criada por un hombre, como ya declaré. Tres de mis mejores amigos son, además, varones.


Tanto las aturdidas de los años 70 como los actuales femiorcos, no hacen más que responder servilmente directivas, creyendo hacer la “revolución”. Pero hasta el momento la redicha revolución parece consistir en la prohibición del piropo (una de las cosas que más me agradaba de tener curvas estratégicamente dispuestas, de ahí que uno de mis blogs se llamara “Curvas y Desvíos”); en pintar bancos de rojo; en dejarse los sobacos pelurientos; en hacer un elogio de la peor alimentación; o en la siembra de falsas denuncias, arruinándole la vida a hombres inocentes. No me lo contaron: le pasó a alguien que quiero mucho, y personas que yo creí amigas se dejaron arrastrar por las yeguas de la ideología y dejaron de hablarme, por no decir que a él lo dejaron solo de toda soledad, en lo que Carlos Balmaceda llama el “síndrome del perro apestado”. Pero los verdaderos crímenes hacia las mujeres siguen impunes, y no veo plan, revolución ni programa para acabar con esa lacra, que no siempre proviene del varón, ojo. Tengo para mí que el feminismo de tercera y cuarta ola junto con la cien mil veces maldita corrección política son la peor miseria que ha podido abatirse sobre la humanidad.


Así pues, creo que llegué sana y salva, lo mismo que a la plandemia, gracias a los anticuerpos fabricados en los años ochenta en base a chupar mielcitas y naranjú, disponer de buenas lecturas y de una crianza como Dios manda. Y sobre todo gracias a hacerle caso a la biología, y no a la ideología.


La pretendida igualdad que quieren imponer me parece un verdadero asco. No quiero ser igual a ningún hombre, quiero que nos complementemos, que cada cual mantenga su esencia sin necesidad de volver todo una amalgama andrógina.

¿Y entonces qué pensás de la discriminación positiva con que se privilegió a la Mujer en los últimos años en casi todos los ámbitos?


Pienso que es espantoso. No quiero que me den un lugar, un trabajo o una responsabilidad porque soy mujer sino por mi capacidad o mérito. Paradójicamente, en la actualidad estamos asistiendo a un completo desplazamiento de la mujer como tal, y su lugar muchas veces lo ocupan hombres que se perciben mujeres (no utilizo el horror ortográfico y filológico “autoperciben” porque ya el pronombre “se” revoca el prefijo “auto”), y así vemos nadadores sin medallas arrasar en competencias femeninas, o luchadores rompiéndoles la madre a sus rivales mujeres con toda facilidad. Y también ocurre a la inversa con el consabido perjuicio. La pretendida igualdad que quieren imponer me parece un verdadero asco. No quiero ser igual a ningún hombre, quiero que nos complementemos, que cada cual mantenga su esencia sin necesidad de volver todo una amalgama andrógina.



Pero estudiaste y trabajás en un ambiente cooptado por la izquierda, en cualquiera de sus submarcas y radicalizaciones, y tu mirada es considerada una herejía por la camarilla literaria, ¿cómo sobrellevás entonces la segregación y el ostracismo a los que se hace acreedor quien saque los pies del plato del progresismo woke?


El secreto para sobrevivir en ambientes de alta toxicidad es saber ante quiénes hablar y ante quiénes callar. Siempre hay oportunidad de expresar, aunque más no sea tangencialmente, las propias convicciones. Me especializo, desde muy pequeña, en ir contra la corriente y contra las modas. Si tengo que definir mi posición política diría que, con los años y las lecturas, me fui dando cuenta de que era nacionalista. Por supuesto, impensable en el ambiente universitario. Pero eso ocurre porque como ya decía el propio Rodolfo Walsh (un nacionalista hecho y derecho) acá nadie lee historia, acá nadie se preocupa por comprender qué pasó; por poner un ejemplo glorioso, en la batalla de la Vuelta de Obligado. Se preocupaban, cuando él decía eso, por los pobres campesinos de Vietnam, en vez de mirar qué rayos pasaba con los de Tucumán. Si se pusieran a leer un poco, los progres que campean a sus anchas en las universidades descubrirían con horror que buena parte de los autores sobre los que tantas estupideces cacarean fueron, en uno u otro momento de sus vidas, nacionalistas o, si se quiere, de centro y centro-derecha.


El secreto para sobrevivir en ambientes de alta toxicidad es saber ante quiénes hablar y ante quiénes callar.

En alguna entrevista dijiste no leer contemporáneos: ¿qué debería tener un escritor emergente para ganarse el beneplácito de la Pinto lectora?


Dije efectivamente eso siguiendo a Sebald, un autor alemán que decía que nunca había que leer a los amigos ni a los contemporáneos, en una evidente boutade. Yo lo sostengo pero con reparos: sí leo a los amigos, por supuesto, porque muchas veces he sido o soy “lectora idónea”, es decir, esas personas a las que uno les envía su novela o su cuento para que se lo destruya con total confianza, dada la amistad. ¡Pero cuénteme algo que empiece y termine! No me deje a medio camino ni en ascuas ni con hilos colgando por todas partes. No se burle de mí, no se haga el artista, haga el favor de contarme una buena historia. Y si usted es poeta, no invente el agua tibia. Siéntese a leer mucho antes de atreverse a escribir un verso, no digamos ya a publicar un poemario, como si el mundo necesitara conocer el noticiero de su alma pura y solitaria.



¿Te permitís espiar por la ventanita engrasada de Instagram a ver cuán verde está el pasto del vecino, o preferís alejarte de lo prosaico con el tópico intelectualoide de prender la vela y abrir el Ulises junto a una ventana salpicada de lluvia? ¿O ninguno de esos extremos?


Me rindo al influjo de las redes sociales, pero bajo mis términos. Mi centro de operaciones, aunque Markitos haga todo lo posible por desalentarme, es Facebook. Desde allí, dirijo el mundo, al menos, mi mundo. Esa plataforma me ha acercado a muchas personas que están geográficamente lejos. También reencontré amigos que creía perdidos, conseguí trabajos, casa, y un sinfín de cosas valiosas. Así que en ese sentido aplaudo las redes. Uso Instagram únicamente para subir fotos de mis viajes y de mis gatas, y no he entrado todavía en el mundo youtuber, aunque me lo han recomendado mucho. Tal vez pronto incursione leyendo mis poemas o algo así. Un uso racional de las redes es lo más saludable a que puede aspirarse. No siempre lo logro, desde luego.

¿Dónde y cómo conseguir tus libros?


Del Pequeño manual… quedan pocos ejemplares en papel, ya que la editorial, lamentablemente, se disolvió. Quien esté interesado puede contactarse conmigo y se lo haré llegar. Los otros dos libros se pueden leer y descargar online. No tienen más que hacer clic en los siguientes enlaces:


-       Fauna abisal (reseñas de libros)

-       Orozquianas (poesía)


Luego, mi primer primerísimo Peaches en Regalia, poemario del 2008, se ha vendido y regalado en su totalidad, y solamente me ha quedado mi ejemplar personal. En cuanto a El depredador y su sonrisa, mi próxima novela, estoy en tratativas para su publicación.



 


Más sobre Analía Pinto



Poeta desde los 15 años, incursiona en la narrativa con suerte varia. Nació en Avellaneda en 1974 y vivió en el conurbano sur hasta el 2010, momento en que se convirtió en platense por adopción. Estudió Letras en la Universidad Nacional de La Plata, pero abandonó porque la literatura siempre estaba (y sigue estando) en otra parte. Para orientar su TOC a mejores fines, cursó la Especialización en Edición, lo que la convirtió en la implacable correctora que ya era, ahora con título. Desde el año 2008 trabaja en el repositorio institucional de la UNLP, el Servicio de Difusión de la Creación Intelectual (SEDICI), catalogando recursos digitales. Ha editado y corregido numerosos libros de ficción, no ficción y académicos. Entre los años 2010 y 2019 dictó talleres literarios en diversos ámbitos. Organizó ciclos de lectura de poesía (como Bendita Erato, junto a Karina Sacerdote, y Vientos Contrarios), y cubrió obras de teatro para la agencia de noticias ANSud. Participó del staff de reseñistas del sitio web Sólo Tempestad. Supo manejar varios blogs de temática siempre literaria, así como participar en variopintas revistas y boletines literarios, además de editar uno, La Granda Milito, entre 2002 y 2006. Participó activamente (redactó reseñas, dirigió equipos, realizó macro y microedición, entre otras tareas) en la elaboración del Diccionario de Autores Argentinos, proyecto patrocinado por Petrobrás, editado y presentado en la Feria del Libro en 2007. Editó y compiló el libro ¿Por qué escribo? (2017), con trabajos de sus alumnos de los talleres de la UNLP; publicó los libros de poemas Peaches en Regalia (2008), Pequeño manual de anatomía masculina (2017) y Orozquianas (2018), este último disponible on line con descarga gratuita, así como el libro de reseñas Fauna abisal (2016). En la actualidad, forma parte del equipo del Taller de Corte y Corrección, comandado por el escritor Marcelo di Marco, y es secretaria de redacción del periódico literario Fin, en la misma escudería. Fan indeclinable de Sandro, Frank Zappa, la Patagonia y el chocolate.



Redes:



Blogs:


Poematriz: https://matrizdepoemas.blogspot.com/ (reactivado hace unos días)

Curvas y Desvíos: https://curvasydesvios.blogspot.com/ (blog cerrado pero abierto para lectura)


Libros disponibles on line para lectura y descarga gratuita:

 


Servicios de edición y corrección: 



Referencias:


El varón domado - Esther Vilar * (Reedición)

El clásico del antifeminismo que se ha convertido en un libro prohibido





Cincuenta años del libro más odiado por el movimiento feminista


La psicóloga germano-argentina Esther Vilar se hizo célebre en los años setenta por atreverse a invertir radicalmente el incipiente discurso feminista sosteniendo que el auténtico oprimido en nuestras sociedades industrializadas es el hombre.

El varón domado desarrolla esta provocadora tesis que asegura que las mujeres explotan en su beneficio todo un sistema de dominación sobre los hombres mediante su poder seductor. Vilar sostiene que, a la manera de Pávlov con sus perros, las mujeres domestican a los hombres usando el sexo como herramienta de manipulación y control, hasta volverlos completamente dependientes y sumisos.

Ofreciendo el coito a intervalos regulares como contraprestación y recurriendo al chantaje emocional, las mujeres consiguen que los varones trabajen para ellas y carguen con todas las responsabilidades. Y, a la vez, logran que sus víctimas no sólo no se sientan humilladas y engañadas, sino que se perciban como los auténticos dominadores.

En una época de asfixiante corrección política, una obra que afirma que «para la mujer, el amor es un pretexto de la explotación comercial; para el varón es una coartada emocional para justificar su existencia de esclavo» resulta mucho más polémica, si cabe, que cuando fue publicada.

Por ello, la reedición de El varón domado, cincuenta años después de su publicación original, es una invitación a atreverse a pensar fuera de los dogmas de la ideología de género.


(Planeta de Libros - Argentina)



 


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