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PARA LA CABEZA

Un poderoso analgésico de acción retardada.

NO LATE MÁS

Foto del escritor: Pablo Laborde
Pablo Laborde
14 ago
3 min de lectura

Juan Esteban Bassagaisteguy

 

Usted encontrará en este libro presencias inquietantes, leyendas populares, criaturas sobrenaturales; en fin, apariciones propias del fantástico y del terror. Pero sería errado reducir esta obra únicamente a esos géneros. Lo extraordinario aparece, sí, pero rara vez constituye un fin en sí mismo; funciona más bien como un vehículo que transporta cierta materia oscura, inquietantemente humana.


En estos cuentos los muertos no regresan para asustar; lo hacen más bien porque aún queda algo por decir, una herida por cerrar, una promesa por cumplir. Vuelven porque acaso quede una cuenta por saldar. En ese rasgo tan característico reside el verdadero motor de No late más.


No late más.
No late más - Juan Esteban Bassagaisteguy

Hay aquí, no obstante, otro signo distintivo: el firme anclaje en señas reconocibles para el lector argentino; y es entonces que los paisajes telúricos, las leyendas populares, los pueblitos del interior, los eventos deportivos capaces de detener el pulso de un país entero (como remontar un 2 a 0 a los 79 minutos para ganarlo 3 a 2 en tiempo extra), conforman el mismo universo narrativo. Y uno podría sospechar la propensión a que lo fantástico desaparezca en esa cotidianeidad, en ese realismo costumbrista... pero no, asoma la cabeza allí donde menos se lo espera, incrustándose en el devenir de personajes comunes. O quizá sería más atinado hablar de personas comunes.



Juan Esteban Bassagaisteguy, el hábil y prolífico arquitecto de esta estructura cuidadosamente edificada, demuestra una marcada preferencia por esas personas comunes que se enfrentan a circunstancias extraordinarias. No son héroes destinados a vencer fuerzas oscuras ni investigadores especializados en explicar lo enigmático. Se trata más bien de hombres y mujeres vulnerables, reconocibles, que no reaccionan de una manera que sería dable esperar, lo que impide que el lector se apoltrone y adormezca en certezas narrativas. Esta decisión literaria del autor acerca los relatos al lector, lo mantiene atrapado, y permite que la dimensión emocional prevalezca sobre el mero artificio del sobresalto, una particularidad que aleja esta obra del esquema de la simple antología de relatos de terror, para situarla en el espacio de una propuesta mucho más conceptual y texturizada.


No es casual, entonces, que varios de estos cuentos encuentren inspiración en hechos reales o en tradiciones populares. Y quizá sea precisamente esa una de las virtudes más discretas de No late más: en tiempos donde el impacto inmediato suele imponerse sobre la construcción paciente de una atmósfera, estas historias prefieren conducir a preguntas antes que ofrecer respuestas concluyentes y apresuradas. Y el resultado de tal acierto es que no se explica el misterio, se preserva.



Toda colección de cuentos plantea un pacto único con el lector, al que se le exige empezar de nuevo varias veces, con otras reglas, con otra forma de mirar. Pero en estas páginas se insiste una y otra vez en ese territorio donde la vida y la muerte parecen apenas tocarse por un instante, y tal frenesí obliga a dar vuelta la página y seguir lo suficiente como para que una voz vuelva a escucharse, una presencia reclame justicia o un amor encuentre la forma de perdurar. El libro deja de ser una simple reunión de historias y se convierte en una unidad más profunda y metafísica.


No hay mucho más que agregar, el resto lo pondrá el lector. Porque como ocurre con las buenas preguntas, esta antología no pretende anticiparse al enigma que la inspira; apenas nos invita a recorrerlo, para que quizás, al cerrar el libro, descubramos que aquello que No late más, no necesariamente haya dejado de existir.

 

PABLO LABORDE

Invierno del veintiséis

 

 
 

© Pablo Laborde, 2026. 

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